Una investigación de la Unión de Científicos Conscientes y la Universidad de California-Merced halló que el cambio climático ha provocado sequía en el oeste de Estados Unidos y que la mitad de los efectos se puede atribuir a las emisiones de las mayores compañías de combustibles fósiles y fabricantes de cemento.
El cambio climático está perjudicando los escasos recursos de agua en el oeste de Estados Unidos. La investigación de UCS y la Universidad de California-Merced reveló que el cambio climático ha provocado en el oeste del país reducciones de la capa de nieve y de caudal, además de aumentar la demanda de agua de riego de los cultivos. Aproximadamente la mitad de estos efectos se puede atribuir a las emisiones de las antedichas industrias contaminantes.
En el Valle Central de California, las emisiones de estas compañías han llevado a la pérdida de una décima parte del agua subterránea hasta ahora.
Las consecuencias económicas de las perturbaciones en el ciclo del agua provocadas por el clima son enormes, y frecuentemente los estados y las ciudades tienen que gastar miles de millones de dólares para subsanar los costos.
Estos hallazgos destacan la necesidad urgente de que la industria de combustibles fósiles pague la parte que le corresponde, ya que las comunidades se ven obligadas a adaptarse a esta nueva realidad climática.
Nos están secando el oeste
La escasez de agua ha sido una característica distintiva del oeste de Estados Unidos durante mucho tiempo. El clima seco y el incremento de uso de agua para riego en una región en la que la industria agrícola---que está valorada en miles de millones de dólares---genera elevada demanda de agua, han resultado en la insostenibilidad en el uso del agua (Figura 1). El cambio climático está agravando esta crisis ya que reduce los suministros de agua y aumenta la demanda de riego simultáneamente (Figura 2). Las consecuencias incluyen disputas legales cada vez más intensas sobre los derechos del agua, amenazas a las economías agrícolas, reducciones en la generación de energía hidroeléctrica, el colapso de los ecosistemas y múltiples problemas de salud pública, entre ellos la mala calidad del aire y la falta de acceso al agua potable.
Estos cambios drásticos generan cuestiones de responsabilidad y rendición de cuentas en relación con el cambio climático y los perjuicios que crea, una idea que está siendo explorada por los científicos, abogados y oficiales electos. Mientras que los países ocupan un lugar central en este debate como parte de las negociaciones internacionales, las compañías responsables se han convertido en el blanco de las acciones legales emprendidas por los gobiernos estatales, municipales y tribales. Estas acciones se alinean con las prácticas legales históricas de exigir cuentas a las compañías responsables por los daños causados por sus productos, como por ejemplo el tabaco, los pesticidas y el asbesto.
En cuanto a la responsabilidad por el cambio climático, las compañías de combustibles fósiles han contribuido una parte desproporcionadamente grande de las emisiones que atrapan el calor. Las 122 compañías industriales que más dióxido de carbono emiten (compañías de combustibles fósiles y fabricantes de cemento, en lo sucesivo denominadas colectivamente las "Carbon Majors" o principales compañías generadoras de carbono) representan casi el 70% de las emisiones industriales de dióxido de carbono a nivel mundial desde 1854, mientras que el 97% de dichas emisiones se produjo después de 1950 (Heede 2014; InfluenceMap 2024).
Ya en 1959, algunas compañías de combustibles fósiles conocían los riesgos climáticos de sus productos (Franta 2018). En vez de informar al público, planear una transición energética y adaptarse a los impactos previstos, estas compañías y sus socios llevaron a cabo campañas coordinadas de desinformación y engaño para proteger sus ingresos (Merner et al. 2025). Estas compañías de combustibles fósiles deben ser responsabilizadas por los daños climáticos que han causado a través de sus elevadas emisiones de carbono a la atmósfera y por las décadas de engaños sobre el cambio climático.
Este análisis de la Unión de Científicos Conscientes (UCS, por sus siglas en inglés) y la Universidad de California en Merced utiliza datos observacionales y modelos del clima para medir cómo las emisiones atribuidas a los Carbon Majors desde 1950 (incluyendo compañías como BP, Chevron, ExxonMobil y Shell) han contribuido a las alteraciones del ciclo del agua en el oeste de Estados Unidos (E. L. Williams et al. 2026). Nuestras conclusiones indican que el cambio climático provocado por el ser humano ha reducido la capa de nieve de abril en aproximadamente un 36%, han disminuido el caudal durante la estación cálida en aproximadamente un 13% y han incrementado la demanda de agua de riego en un 4,3%. Aproximadamente la mitad de estos impactos son atribuibles a las emisiones generadas por los Carbon Majors desde 1950, lo que representa una reducción de casi el 15% en la capa de nieve en las montañas, una disminución del 6,1% en el caudal y un aumento del 2,4% en la demanda de riego.
El impacto combinado de estos cambios es particularmente grave en las regiones agrícolas que dependen del agua para la producción de alimentos. Dos de estas regiones son el Valle Central de California y la cuenca media del río Columbia en los estados de Washington y Oregón. En el Valle Central de California, el cambio climático provocado por el ser humano es responsable por 20% de la pérdida de agua subterránea registrada, y aproximadamente la mitad de esa cifra (el 10% del total) es atribuible a las emisiones de los Carbon Majors. Además, la investigación indica que el caudal de los ríos está cambiando considerablemente debido a estas emisiones. Por ejemplo, el día en que se alcanza la mitad del volumen anual total del agua en un río ahora ocurre entre cinco y 30 días antes en las cuencas de toda la región.
Problemas del ciclo del agua
Los recursos hídricos en el oeste de Estados Unidos están limitados por un desajuste estacional entre el suministro y la demanda. Las precipitaciones en forma de lluvia y nieve regulan el suministro, mientras que la evaporación y el riego determinan la demanda (Figura 2). La mayor parte de las precipitaciones ocurre en invierno y se almacena en forma de nieve, representando más del 50% de la escorrentía superficial en los meses de la primavera y el verano (Li et al. 2017; Qin et al. 2020). Durante estas estaciones cálidas, la demanda alcanza su nivel más alto debido a una mayor evapotranspiración (evaporación del suelo y cuerpos hídricos más transpiración de las plantas), impulsada por temperaturas más cálidas, así como por el aumento en el uso de agua para el riego de cultivos y las operaciones agrícolas industriales.
A pesar de los sistemas diseñados para almacenar y transportar el agua, como las presas y los canales, la demanda suele superar al suministro (Dettinger, Udall y Georgakakos 2015; Grantham y Viers 2014; Slaughter et al. 2010). Por ejemplo, la demanda de agua en la cuenca del río Colorado ha sido consistentemente mayor al suministro desde principios de la década del 2000 (Wheeler et al. 2022; Womble et al. 2025). En el valle de San Joaquín, una región agrícola muy importante de California, los derechos de agua de superficie exceden el 100% del suministro disponible (Grantham y Viers 2014). Los acuíferos se están agotando rápidamente para compensar por este déficit (Liu et al. 2022), lo que ha provocado que miles de pozos se sequen (Jasechko y Perrone 2020; Perrone y Jasechko 2017; Rodríguez-Flores et al. 2023) y ha reducido la resiliencia general de toda la región (Fernández-Bou et al. 2021).
Además del uso históricamente insostenible del agua, los cambios observados en el suministro y la demanda de agua ponen de manifiesto cómo el cambio climático puede alterar aún más los recursos hídricos. En lo que respecta al suministro, el aumento en las temperaturas está causando que haya menos nieve (Gottlieb y Mankin 2024; Mote et al. 2018) y que se derrita antes (Dudley et al. 2017), reduciendo la escorrentía al principio de la temporada (Xiao, Udall y Lettenmaier 2018). En cuanto a la demanda, la región presenta alta evapotranspiración de las plantas, el suelo y los cuerpos hídricos durante los meses de la primavera y el verano (Albano et al. 2022), lo que aumenta la demanda de riego y la extracción de aguas subterráneas para mantener la productividad agrícola (Moyers et al. 2024; E. L. Williams y Abatzoglou 2025). En conjunto, la demanda agrícola, la sobreexplotación de las aguas subterráneas y el cambio climático han precipitado una crisis de agua en toda la región.
Resultados de la investigación
Nuestras observaciones demuestran que las emisiones atribuibles a los Carbon Majors desde 1950 han reducido sustancialmente la disponibilidad del agua y han incrementado la demanda de riego agrícola en todo el oeste de Estados Unidos, lo que representa aproximadamente la mitad (entre el 40% y el 64%) de los impactos del cambio climático provocado por el ser humano (ver Figura 3).
La mayor acumulación en la capa de nieve normalmente ocurre en abril, y los efectos de estas emisiones suponen una reducción anual del 15% en la capa de nieve de abril. Esta reducción en la capa de nieve equivale a un volumen de más de 28 millones de acres-pies (34,5 km^3^) de agua, aproximadamente la capacidad máxima del lago Mead, el embalse artificial más grande de Estados Unidos. Del mismo modo, observamos una reducción anual de unos 12 millones de acres-pies (15 km^3^) de agua en el caudal durante las estaciones cálidas atribuible a las emisiones de los Carbon Majors, lo que equivale aproximadamente al volumen combinado de los cuatro embalses más grandes de California.
Nuestros resultados también muestran un aumento en el caudal anual de octubre a marzo atribuible a los Carbon Majors, lo que representa más de la mitad de la reducción anual durante las estaciones cálidas.
Con respecto a la demanda, nuestras conclusiones indican que las emisiones de los Carbon Majors han provocado un incremento en la demanda anual de riego agrícola de 720.000 acres-pies desde 1950, lo que equivale a casi 1,6 veces la cantidad de agua que se consume anualmente en la ciudad de Los Ángeles (LADWP, s.f.). Más allá de los cambios en los volúmenes totales de agua, observamos que el suministro de agua inicia antes en el año. En muchas cuencas fluviales del oeste, el día en que se alcanza la mitad del volumen anual total del agua en los ríos ahora ocurre unos seis días antes de lo que ocurriría si los Carbon Majors no hubieran generado las emisiones atribuidas a dichas compañías. En algunas regiones montañosas, el punto medio se adelanta hasta 30 días, lo que crea una desconexión aún mayor entre los períodos de disponibilidad del agua y los períodos de máxima demanda.
Además de las tendencias generales en el ámbito de nuestro estudio, esta investigación también identificó "áreas críticas" en el noroeste del Pacífico y California, donde las consecuencias de las emisiones generadas por los Carbon Majors son particularmente pronunciadas si se consideran junto con la reducción de la capa de nieve, la disminución del caudal y el aumento de la demanda de riego. Dada la importancia que tienen estas áreas críticas para la agricultura, incluyendo la cuenca media del río Columbia y las cuencas de los ríos San Joaquín y Sacramento, nuestras conclusiones destacan cómo las consecuencias de las emisiones generadas por los Carbon Majors en el oeste de Estados Unidos trascienden sus límites geográficos.
El Valle Central de California, la región agrícola más productiva de Estados Unidos, ilustra cómo se propagan estos cambios a través de los sistemas hídricos locales, afectando en última instancia a la resiliencia de los acuíferos y de las comunidades. Entre el 2003 y el 2024, la pérdida acumulada del agua subterránea en las tres cuencas subregionales del Valle Central (el río Sacramento, el río San Joaquín y el lago Tulare), ascendió a unos 34 millones de acres-pies (47 km^3^), aproximadamente 1,5 veces el volumen del lago Crater en Oregón (Liu et al. 2022; E. L. Williams et al. 2026). Basándonos en datos satelitales y modelos estadísticos, demostramos que un 20% de esta pérdida puede atribuirse al cambio climático, y que el 10% puede atribuirse a las emisiones de los Carbon Majors desde 1950, lo que sugiere que la reducción del caudal y el aumento en la demanda de riego limitan la recarga natural de las aguas subterráneas y aumentan la dependencia en estas para satisfacer la demanda agrícola (E. L. Williams y Abatzoglou 2025; E. L. Williams et al. 2026). En pocas palabras: una parte de la crisis de agua del Valle Central puede atribuirse directamente a las emisiones de los mayores productores de combustibles fósiles del mundo.
Implicaciones
Los cambios en el ciclo del agua afectan a las comunidades y los ecosistemas y se agravan por otros efectos del cambio climático, como las sequías, la mala calidad del aire y el hundimiento de la tierra (subsidencia). Las comunidades rurales agrícolas de bajos ingresos sufren consecuencias severas, como disminución en la calidad del agua y pozos secos con alto costo para reemplazarlos, si es que pueden permitírselo (London et al. 2018). Incluso cuando los pozos siguen funcionando, la disminución de los niveles freáticos aumenta el consumo y el costo de la energía para el bombeo. En muchos sistemas comunitarios de agua, los proveedores transfieren a los consumidores el costo de la nueva infraestructura y los suministros adicionales de agua mediante el aumento de las tarifas y la aplicación de recargos (Rachunok y Fletcher 2023). Los perjuicios también afectan a las comunidades indígenas, cuyos medios de vida culturales y económicos dependen de ríos saludables. La reducción del caudal y el aumento de las temperaturas reducen las poblaciones de salmón y otros recursos tradicionales, una situación que pone en riesgo la soberanía alimentaria y las prácticas espirituales vinculadas a estas especies (OEHHA 2025). Adicionalmente, nuestros resultados revelan un aumento en el caudal durante las estaciones frías, lo que puede resultar en picos de caudal y en un mayor riesgo de inundaciones para las comunidades ubicadas aguas abajo, además de reducir la disponibilidad del agua durante los meses del verano (Persad et al. 2020).
Las consecuencias económicas de las alteraciones en el ciclo del agua provocadas por el cambio climático son profundas. La sequía que afectó a California entre el 2020 y el 2022 provocó pérdidas directas en los ingresos agrícolas por un total combinado de $2.700 millones, con un aumento de aproximadamente el 10% en la superficie total de tierras de cultivo de regadío que quedaron sin producción en el 2021 y el 2022 (Rodríguez-Flores et al. 2026). Con el fin de preservar las aguas subterráneas, California ha invertido en programas destinados a ampliar las soluciones basadas en la naturaleza y a reusar las tierras previamente en regadío para proyectos con múltiples beneficios. Esto fomenta las oportunidades de empleo y genera beneficios ambientales adicionales (Fernández-Bou et al. 2023; Fernández-Bou et al. 2025). Además, actualmente se destinan miles de millones de dólares a medidas de respuesta a la sequía y programas de agua potable de emergencia, mientras que es necesario actualizar la infraestructura de suministro de agua a largo plazo para adaptarse a las nuevas condiciones climáticas y lidiar con estos impactos agravantes (Ehlers 2022).
Las consecuencias de los cambios en el ciclo del agua en el oeste de Estados Unidos van más allá de la agricultura y de los incendios forestales. El hundimiento de la tierra provocado por la extracción excesiva del agua subterránea y la escasez de agua debido al nivel peligrosamente bajo de los embalses y al agotamiento de los acuíferos repercuten en la salud pública y la resiliencia de las comunidades. La escasez de agua en los ecosistemas aumenta la sequedad de la vegetación y los suelos, lo que contribuye a la sequía actual en el suroeste de Estados Unidos y aumenta el riesgo de incendios forestales en los bosques de la región (Abatzoglou y A. P. Williams 2016; A. P. Williams et al. 2020). Aunque las prácticas agrícolas insostenibles contribuyen a estas realidades, como por ejemplo la extracción excesiva del agua subterránea, este estudio destaca las reducciones en el suministro de agua y el aumento en la demanda atribuibles a las emisiones de los Carbon Majors desde 1950, así como el creciente desajuste entre la disponibilidad del agua y el momento en que necesita utilizarse.
Estas conclusiones se suman al creciente conjunto de evidencias que demuestran los impactos en el clima de las emisiones atribuibles a las principales compañías de combustibles fósiles y a los fabricantes de cemento. Estos impactos incluyen el aumento en el nivel del mar (Sadai et al. 2025), la superficie quemada por incendios forestales (Dahl et al. 2023) y la probabilidad y gravedad de las olas de calor extremas (Quilcaille et al. 2025). Mientras que países, industrias contaminantes e individuos contribuyen al cambio climático, los Carbon Majors tienen una responsabilidad desproporcionada y evidente por los daños causados por sus productos, especialmente las compañías combustibles fósiles que han engañado al público y ejercieron presión política en contra de las medidas climáticas en todos los niveles de gobierno.
En todo el mundo, los gobiernos nacionales, locales y tribales recurren cada vez más a los tribunales para exigir responsabilidades (Merner et al. 2025). Más de una docena de estados (incluyendo California, Massachusetts y Minnesota) han demandado a Chevron, ExxonMobil, Shell y otras grandes compañías de combustibles fósiles por sus campañas de engaño sobre el cambio climático a lo largo de varias décadas. Algunas ciudades como Chicago y Boulder han presentado demandas bajo las leyes de perjuicio público, y tanto San Francisco como Oakland están solicitando una indemnización por los perjuicios causados por el aumento del nivel del mar. En Estados Unidos se presentaron más de 160 demandas en 2024 (Setzer y Higham 2025).
Las emisiones atribuidas a los Carbon Majors están agravando una crisis hídrica ya de por sí insostenible en el oeste de Estados Unidos. Aunque los estados, los municipios y las comunidades hasta la fecha han soportado la mayor parte de los costos relacionados con la adaptación a esta realidad cambiante, estas conclusiones proporcionan pruebas adicionales de que la industria de los combustibles fósiles debería pagar la parte justa que le corresponde.
Metodología
Este estudio utilizó una combinación de datos observacionales, datos satelitales y modelos del clima para cuantificar cómo las emisiones atribuibles a los Carbon Majors desde 1950 han contribuido a los cambios en la disponibilidad y la demanda de agua en el oeste de Estados Unidos. Primero recopilamos datos registrados sobre temperatura, precipitación, humedad relativa e hidrología, tanto de bases de datos observacionales como de modelos climáticos globales. Luego utilizamos un modelo climático de complejidad reducida para cuantificar la variación anual de la temperatura media global en la superficie entre 1854 y 2020 bajo tres casos hipotéticos de emisiones: el primero incluyó todas las emisiones, el segundo excluyó todas las emisiones antropogénicas y el tercero excluyó las emisiones atribuibles a los Carbon Majors después de 1950 (la década en que hay pruebas de que estas compañías comenzaron a comprender los riesgos que planteaba el uso de sus productos). Comparando estos escenarios y utilizando el escalado de patrones, calculamos qué parte de los cambios registrados en la capa de nieve, el caudal y la demanda de riego es atribuible al cambio climático y, específicamente, a las emisiones de los Carbon Majors. Los detalles técnicos completos se pueden consultar en E. L. Williams et al. (2026).
Los autores de esta hoja informativa forman parte de los Programas de Clima y Energía y de los Estados del Oeste de la Unión de Científicos Conscientes. Carly A. Phillips, PhD, es investigadora científica senior; J. Pablo Ortiz-Partida, PhD, es director de innovación y colaboración; Angel S. Fernandez-Bou, PhD, es científico senior bilingüe; y L. Delta Merner, PhD, es la científica principal del Centro Científico para Litigios Climáticos. El equipo de autores del estudio revisado por pares en el que se basa esta ficha informativa además incluye a **Emily L. Williams, PhD; John T. Abatzoglou, PhD; Mohammad Safeeq, PhD; Shaina Sadai, PhD; ** y Oriana S. Chegwidden, PhD.
Agradecimientos
Este proyecto ha sido posible gracias al generoso apoyo de la Fundación Grantham para la Protección del Medio Ambiente, el Fondo de la Familia Rockefeller y los miembros de UCS.
Este informe se benefició de las contribuciones, la revisión y el asesoramiento de muchos colegas de UCS, entre ellos Daela Taeoalii-Tipton, Eric Schulz, Nick Davis-Iannaco, Heather Tuttle, Pallavi Shrestha, Bryan Wadsworth, Chris Bliss y Kathy Mulvey. También agradecemos a Brenda Ekwurzel y Shraddhanand Shukla sus aportaciones al estudio revisado por pares.
Las afiliaciones organizacionales se mencionan únicamente con fines de identificación. Las opiniones expresadas en este documento no reflejan necesariamente aquellas de las organizaciones que financiaron el trabajo ni las de las personas que lo asesoraron o revisaron. La Unión de Científicos Conscientes asume la responsabilidad exclusiva del contenido de esta hoja informativa.
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Cita
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